De la IA Y OTROS DEMONIOS.
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¿ PUEDE UNA MARCA SOSTENIBLE USAR INTELIGENCIA ARTIFICIAL ?
Últimamente parece que con la inteligencia artificial no hay término medio: o viene a salvarnos de la ineficiencia, el trabajo repetitivo y probablemente de nosotros mismos, o viene a secar los ríos, robarnos el empleo y rematar lo que quede de la inteligencia humana.
Desde el surgimiento de las primeras sociedades agrícolas y urbanas; por ende el nacimiento de las religiones organizadas, por allá en el 10.000 y 4.000 a. C. Los humanos hemos tenido cierta debilidad por convertir todo en santo o demonio.
Antes de salir corriendo a esconder el computador debajo de la cama, decidimos hacer algo mucho más revolucionario: usar el cerebro, y esto nos da espacio a nuestra cuña publicitaria esta entrada al blog fue escrita totalmente por un ser humano que se tomó el tiempo de leer y analizar mucha información.
Primero las malas noticias: la IA no funciona con magia
La inteligencia artificial no vive en una nubecita blanca y esponjosa flotando sobre Silicon Valley. Aunque la llamemos cloud, detrás hay servidores, chips, cables, edificios gigantes, sistemas de refrigeración y una cantidad importante de electricidad.

hay consumo de agua para refrigerar infraestructura, extracción de minerales para fabricar equipos y generación de residuos electrónicos. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha señalado precisamente estos elementos como parte de la creciente huella ambiental asociada a la infraestructura de IA.
Sí, la inteligencia artificial tiene un impacto ambiental.
No vamos a hacer maromas argumentativas para decir que no. La infraestructura digital ya existía mucho antes del boom de la inteligencia artificial. El centro de datos que sostiene el sistema no se inventó ayer porque alguien quiso hacer una imagen de un gato astronauta. Todos utilizamos los centros de datos. Netflix, Instagram, almacenamiento en la nube, videojuegos, ecommerce, bancos, videollamadas, Google, correos electrónicos, fotografías guardadas desde 2007.
¿Y EL AGUA?
Aquí aparece una de mis favoritas: “Una consulta a ChatGPT consume una botella de agua”.
Suena espectacular. Es corta. Dramática. Perfecta para compartir en una historia de Instagram.
El problema es que las equivalencias de este tipo dependen de muchísimas variables: qué modelo se utiliza, dónde está el centro de datos, cómo se refrigera, qué tipo de electricidad utiliza, cuánto dura la operación y cómo se reparte el consumo de infraestructura.

Incluso la propia Agencia Internacional de Energía señala que el consumo energético por tarea de IA está cambiando muy rápido: los modelos y el hardware están mejorando su eficiencia, mientras al mismo tiempo aparecen usos mucho más intensivos, como generación de video, razonamiento avanzado y agentes autónomos.
Y AQUÍ FUE CUANDO ESTA HISTORIA EMPEZÓ A SONAR FAMILIAR
Nosotros trabajamos con neumáticos, nunca hemos pensado que el neumático sea un material ambientalmente angelical. Un neumático necesita materias primas, procesos industriales, energía, transporte. Y eventualmente termina su vida útil.
Tampoco nos levantamos una mañana diciendo: Qué sostenible sería que existieran millones de carros recorriendo el planeta.
Los carros ya existían. Los neumáticos ya existían. Y los neumáticos usados también. Nuestra pregunta fue otra:
¿qué hacemos con este material después?
Y de ahí nació buena parte de Revolución Urbana, no inventamos el neumático, ya bastante trabajo tenemos intentando pegarlo. Lo que hicimos fue mirarlo y pensar que quizá su historia no tenía que terminar cuando dejaba de rodar.
Y CREO QUE CON LA INTELOIGENCIA ARTIFICIAL ESTAMOS FRENTE A UNA PREGUNTA PARECIDA
La IA existe, no parece que vaya a desaparecer. Entonces no es tan simple como decir ¿IA sí o IA no? Porque esa pregunta es muy parecida a ¿El plástico es bueno o malo?
Pues…
Depende de si estamos hablando de una bolsa que vas a usar cuatro minutos o de una prótesis que le permite caminar a alguien.

LOS MATERIALES NO TIENEN MORAL, LAS TECNOLOGÌAS TAMPOCO PERO NOSOSTROS SI TENEMOS EL PODER DE DECISIÓN Y AHÍ ES DONDE SIEMPRE HEMOS TENIDO UN PROBLEMA
LA SOSTENIBILIDAD NUNCA HA SIGNIFICADO PUREZA
El punto no puede ser convertirnos en una marca puritana “sin impacto”. El punto tiene que ser entender mejor nuestras decisiones y tratar de hacerlas mejor cada vez.
Fabricar zapatos tiene impacto, transportarlos tiene impacto, empacarlos tiene impacto, tener una página web tiene impacto. Poner este articulo en el blog tiene impacto.
TAL VEZ SOSTENIBILIDAD SEA APRENDER A VIVIR CON CONTRADICCIONES
Trabajamos con neumáticos porque los neumáticos existen, trabajamos con tecnología porque la tecnología existe. Y ambas cosas plantean preguntas ambientales bastante incómodas.
ENTONCES, ¿ PUEDE UNA MARCA SOSTENIBLE UTILIZAR INTELIGENCIA ARTIFICIAL ?
Creemos que la respuesta clara si, pero que la pregunta realmente interesantes es: ¿cómo la utiliza?
Porque sostenibilidad, por lo menos para nosotros, nunca ha significado pureza. Significa mirar de frente los materiales, los procesos y también las contradicciones que forman parte de lo que hacemos. Trabajamos con neumáticos porque existen, utilizamos tecnología porque forma parte de nuestro presente.

DURANTE AÑOS HEMOS VENDIDO UNA IDEA DE SOSTENIBILIDAD QUE SE PARECE PELIGROSAMENTE A LA PUREZA. LA EMPRESA PERFECTA, EL PRODUCTO PERFECTO, LA MATERIA PRIMA PERFECTA.
LA PERSONA PERFECTA QUE JAMÁS COMPRA ALGO INNECESARIO, CARGA SIEMPRE SU TERMO, RECICLA ABSOLUTAMENTE TODO Y PARENTEMENTE NUNCA PIDE COMIDA A DOMICILIO.
YO MO CONOZCO A ESA PERSONA.
Quizá el problema sea justamente ese: que llevamos demasiado tiempo esperando que la sostenibilidad venga con aureola. Que nos entregue materiales inocentes, tecnologías impecables y decisiones sin consecuencias. Pero ese mundo no existe. Lo que sí existe es la posibilidad de preguntar más, entender mejor y decidir con un poco más de criterio qué usamos, cuánto usamos y para qué lo usamos. Así que no, por ahora no vamos a declarar a la inteligencia artificial santa ni demonio. Vamos a hacer con ella lo mismo que llevamos años intentando hacer con un neumático: entender de dónde viene, reconocer el impacto que tiene y preguntarnos si podemos darle un uso que tenga sentido. Probablemente nos equivocaremos algunas veces. Probablemente cambiaremos de opinión otras tantas. Pero entre esconder el computador debajo de la cama y entregarle las llaves de la humanidad a un algoritmo, sospechamos que todavía queda bastante espacio para usar el cerebro.
